Se vuelve hábito lo que tanto repetimos, aunque a veces nos lastime en silencio, somos costumbre, memoria y reflejo, intentando romper ciclos mientras aprendemos a cambiarnos a nosotros mismos.
La música refleja a una generación conectada que la utiliza diariamente para expresarse, convivir y acompañar sus actividades, aunque también puede influir en la conducta y distraer a muchos jóvenes.